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Educación, salud y solidaridad: libreta de notas de la pandemia

Louise Magnard
22 octubre 2020

Mutuas de salud, empresas de la Economía Social y Solidaria, sindicatos de educación y otras organizaciones de la sociedad civil, los miembros de la Red Educación y Solidaridad (RES) han estado en pleno núcleo de la crisis sanitaria y educativa y han sido los primeros que sobre el terreno han aportado respuestas. Ellos analizan los desafíos a los que se ven confrontados, las respuestas aportadas, y nos explican cómo desean transformar este momento de crisis en una ocasión en la que reforzar los proyectos impactantes para así garantizar el acceso a la salud, a la protección social y a la educación para todas y todos. Y para, más que nunca, hacer vivir sus valores de solidaridad.

Cuidadoras/es y enseñantes, en primera línea

En pocos meses, la Covid-19 ha marcado la vida de la humanidad. Es antes que nada la capacidad de recuperación de los sistemas de salud del mundo entero la que ha sido puesta a prueba. En determinados países, sistemas sanitarios ya frágiles han sido llevados al borde del desmoronamiento por la epidemia, conllevando también consecuencias dramáticas en el acceso a otros servicios sanitarios, especialmente la reducción de los servicios de sanidad materna e infantil.

La crisis sanitaria ha pasado a ser social y humanitaria, y con razón; el derecho humano a la seguridad social todavía no es una realidad para la mayor parte de la población mundial a escala global: hoy el 55% de la población mundial no dispone de ninguna forma de protección social. Son esos más de 4 mil millones de personas que no disponen ni de acceso a los cuidados, ni de apoyo a las familias, ni de ayuda frente al desempleo, las que han resultado impactadas con más violencia por la pandemia.

El sistema educativo, inmediatamente, se ha visto resentido. Más de 1.600 millones de alumnos y 63 millones de enseñantes de primaria y de secundaria se han visto afectados por la crisis educativa derivada de la Covid-19, en ocasiones con consecuencias dramática: precarización del personal de la educación, agresiones a la salud mental, abandono escolar, aumento de las diversas violencias, pérdida del acceso a servicios de salud escolar o a la alimentación, y alza en el trabajo de menores. Resulta por tanto probable que millones de niños -especialmente las niñas- no regresen a la escuela tras el episodio del coronavirus.

Nunca la interdependencia entre salud y educación habrá sido tan clara. Es este vínculo entre estos dos mundos lo que ha llevado a nuestras diversas organizaciones de la ESS (Economía Social y Solidaria) y de la sociedad civil a reunirnos en el seno de una red. Estamos convencidos de que un alumno en buena salud aprende mejor y más prolongadamente. Gracias a la educación, el alumno será capaz de optar por opciones de vida más sanas en el futuro. Igualmente, un enseñante en buena salud física y mental contribuye en la calidad de la educación. Defendemos así que la salud y la seguridad en las escuelas son condiciones para la construcción de sistemas educativos de calidad, al mismo tiempo que las escuelas, por su parte, son espacios privilegiados de promoción de la salud, de aprendizaje de la igualdad y de la solidaridad. Juntos, sindicatos de la educación, y mutuas de salud de todo el mundo, defendemos la educación pública, gratuita, de calidad, actuamos por el acceso a la salud para todas y todos, la protección social, el cuidado mutuo y el trabajo digno.

Mantener las “solidaridades de compromiso directo” para afrontar la pandemia

También nuestras estructuras han resultado afectadas por el episodio del coronavirus en su funcionamiento cotidiano. Desde la interrupción brutal de las fuentes de ingresos debido al cese de las actividades durante el confinamiento (Burkina Faso), hasta las dificultades de pago de los gastos de suscripción a la mutua de salud por los afiliados (República del Congo), pasando por la reducción o el aplazamiento de las financiaciones de cooperación internacional, la crisis ha puesto a prueba la solidez financiera de nuestras organizaciones.

En este contexto difícil, nuestros miembros, verdaderos actores de proximidad, han trabajado por poner en aplicación las mejores soluciones al servicio de los alumnos, de los pacientes, de los afiliados, de las familias, de nuestros colegas y de las personas vulnerables; para responder a la urgencia de la situación, sin que ello conlleve renunciar a nuestra cultura y a nuestro modelo de emprender de forma solidaria y democrática.

Desde el comienzo de la crisis, las organizaciones sindicales han acompañado a sus colegas a distancia y sobre el terreno, para garantizar la continuidad pedagógica y defender la seguridad del personal de la educación, a menudo en ausencia de recursos para prestar la educación a distancia, y en ocasiones frente a mandatos contradictorios por parte de su ministerio responsable. Los sindicatos también han participado en la organización de la vuelta a la escuela, en hacer frente al stress y a la inquietud de las/los enseñantes expuestos a un posible contagio, y frecuentemente sin equipos de protección individual adecuados.

En los hospitales, centros de salud o de acogida de personas mayores, las organizaciones de la Red han contribuido a garantizar la continuidad de los servicios de salud, la cobertura de los cuidados, o a acabar con el aislamiento y acompañar a los asegurados sociales más frágiles. Las herramientas digitales han permitido mantener los vínculos con los afiliados, pacientes y asegurados, y también han constituido herramientas de prevención, de información, de promoción de la salud y de acompañamiento, testimoniándolo los servicios de teleconsulta Mesdocteurs (MGEN, Francia) o la plataforma #EnsembleContreLeCovid de los actores del Grupo VYV (Francia). En Bélgica, las mutualidades se han comprometido como operadores sobre el terreno en el seguimiento de los contactos con posibles personas infectadas con vistas a acabar con las cadenas de transmisión del virus, al mismo tiempo que se colocan las guías necesarias en materia de respeto de la protección de la vida privada.

La necesidad de garantizar la continuidad pedagógica a distancia también ha puesto considerablemente de manifiesto las desigualdades educativas. Aunque el impacto de la pandemia varía de un contexto a otro, los alumnos y el diverso personal educativo que se encontraban ya en situación vulnerable han sido las/los más afectadas/os. Los enseñantes que tienen material informático a su disposición o que cuentan con apoyo familiar han estado en condiciones de proseguir su aprendizaje en este contexto particular. Pero hoy, más de la mitad de los alumnos en el mundo no disponen ni de acceso a internet, ni de material adecuado para beneficiarse de los programas de educación a distancia, ya que las unidades familiares más pobres no tienen acceso ni a la televisión ni a la radio. En Gambia, el sindicato de enseñantes Gambia Teachers´ Union (GTU) ha organizado de esta forma una distribución de libros y de más de 500 aparatos de radio solares a fin de permitir a las/los enseñantes de las zonas rurales acceder al programa nacional de enseñanza a distancia impartido a través de la radio y la televisión.

En lo que respecta al funcionamiento interno de nuestras organizaciones, para que continúe estando activa la gobernanza democrática, nuestras instancias y reuniones se han celebrado on-line, en tramos de tiempo breves pero más frecuentes. La funcionalidad del trabajo a distancia igualmente ha sido reconsiderada, pero no deberá hacer desaparecer el tratamiento de las preguntas sobre el equilibrio entre vida profesional y vida personal.

 “Acompañamiento humano y solidaridades de proximidad”

Tanto en la educación como en la salud hemos visto que lo presencial es más que esencial. Así, nos será preciso continuar encontrando el justo equilibrio entre la fuerza de la tecnología y la importancia de lo relacional, sin caer nunca en el tópico de “todo digital”, que es una puerta abierta a la mercantilización de la educación en numerosos países.

La innovación, tanto social como tecnológica ha consistido así en ocuparse de los demás a pesar de la distanciación social. Y ahí radica nuestra razón de ser: el acompañamiento humano, las solidaridades de proximidad.

En Francia, la MGEN ha materializado las solidaridades de compromiso directo con una gran campaña de llamadas a sus afiliadas/os, campaña destinada exclusivamente a tener noticias de estas/os últimas/os, principalmente las/los afiliadas/os de más de 75 años, al objeto de garantizar que ellas y ellos no sufrían demasiado del aislamiento vinculado al confinamiento. En Colombia, una de las apuestas asumidas por las mutuas ha consistido en extender los servicios a domicilio desde las ciudades hacia los lugares alejados; todo un desafío operacional, ya que los proveedores de ese servicio no siempre están disponibles en sus regiones alejadas y la red de proveedores públicos no propone cuidados a domicilio. En cuanto al Sindicato costarricense Asociación Nacional de Educadores (ANDE), ha destinado una ayuda alimentaria diaria a sus afiliadas/os que han perdido su fuente de ingresos por la crisis, además de una ayuda financiera a toda/o afiliada/a contaminada por el coronavirus. Finalmente, en Bélgica la asociación “Un Pass dans l´Impasse” creada por la mutua Solidaris, ha puesto en funcionamiento una línea de escucha telefónica gratuita para las/los trabajadoras/es independientes en apuros.

Revalorizar los temas de prevención, de salud mental y nuestros modos de acción solidarios

En este contexto de crisis, el diálogo social y la confianza acordada al diverso personal de la educación y de la salud son más importantes que nunca. El episodio del coronavirus habrá confirmado el rendimiento social de nuestras organizaciones. Hemos sabido demostrar que nuestras estructuras eran resistentes y capaces de encontrar soluciones frente a desafíos críticos, gracias a las competencias profesionales y humanas centrales de los militantes, asalariadas/os, colaboradoras/es y diverso personal. Tendremos que seguir luchando para hacer reconocer y revalorizar nuestra agilidad y nuestra experiencia y conocimientos, pero también la especificidad de nuestras profesiones y de nuestros modelos de emprender solidarios.

En el seno de nuestras estructuras, la crisis sanitaria habrá también confirmado orientaciones y convertido determinados temas de acción en prioridades.

El período habrá puesto de manifiesto la importancia de la creación de una cultura de prevención, y especialmente el papel primordial de la educación para la salud a través de las comunidades educativas.
En materia de prevención, las enseñanzas extraídas de la crisis han abarcado las formas de difundir los mensajes para llegar a alcanzar a nuestros públicos y favorecer nuevos comportamientos. Incluyen la construcción conjunta de mensajes, la importancia de la relación con la experiencia personal (testimonios de allegados), la lucha contra las fake news o también la promoción de una cultura científica.

Los traumatismos psicológicos generados por la pandemia han puesto sobre el tapete la cuestión de la salud mental. Las cuestiones vinculadas al stress en el trabajo, y a la sobrecarga de trabajo, al burnout o desgaste profesional, estaban ya a la orden del día de nuestras organizaciones que siguen desarrollando dispositivos de apoyo psicológico para sus beneficiarios. Garantizar el bienestar del personal enseñante y de los alumnos se impone también hoy como una prioridad para los sistemas educativos y los sindicatos de enseñantes.

En Colombia, la organización Gestarsalud ha visto ahí la ocasión de acelerar proyectos que permiten actuar en los principios determinantes de la salud, entre los cuales la seguridad y la denominada “soberanía” alimentaria y nutricional.  De esta forma, se trata de obtener un impacto no sólo en la construcción de la propia salud, sino también sobre la generación de ingresos para las familias y las comunidades.

En conclusión, desde un punto de vista operacional y estratégico, la crisis habrá hecho resurgir la necesidad para algunas de nuestras asociaciones de reforzar su modelo de funcionamiento y sus capacidades de acción (nuevas herramientas de comunicación y de intervención para con los beneficiarios, búsqueda de nuevas financiaciones), o también el interés por acelerar las colaboraciones, hasta reunirse en el seno de grupos a fin de amortiguar lo mejor posible tales impactos.

Intercambiar y cooperar internacionalmente para retomar los fundamentos de la convivencia

¿Puede esta crisis ayudarnos a construir la sociedad del convivir del mañana? 

Por efecto de contraste, la crisis de la Covid-19 ha expuesto constataciones centrales: la interdependencia de los Estados a escala mundial frente a las amenazas de las pandemias y del cambio climático, los peligros de las políticas neoliberales, las desigualdades causadas por la privatización de la educación y de la salud, la urgencia de poner en marcha sistemas de protección social completos, universales y financiados colectivamente.

Esta catástrofe sanitaria ha sido un verdadero acelerador de tomas de conciencia. Nos ha recordado que la salud, la educación y la solidaridad contra los riesgos de la vida constituyen los cimientos de nuestras sociedades y, por ello, el papel primordial de los cuidadores/as y de los educadores/as. Ha demostrado también que el modelo que da preferencia a la cooperación para el bien común es el mejor adaptado a esta crisis sanitaria, social y medioambiental.

Permanecemos en alerta frente a las múltiples incógnitas vinculadas a la evolución de la pandemia: tememos los riesgos sanitarios, la amplitud de la crisis económica y social; continuamos alarmándonos frente a las recuperaciones políticas y a los ataques contra las conquistas sociales y medioambientales.

Pero ante todo tenemos la certeza de nuestra capacidad colectiva de hacer frente a estos desafíos sociales, económicos y ecológicos. Somos optimistas ante la capacidad de movilización de la juventud en los desafíos de solidaridad. Confiamos en nuestras organizaciones, verdaderas fuerzas motoras del cambio, ahora en su ADN la preocupación por los demás, la solidaridad y la democracia.

Más que nunca, continuaremos actuando por garantizar la educación de calidad, el acceso a los cuidados y a la protección para todas y todos a escala mundial. Por ello, instamos a cooperar sobre los temas de desarrollo sostenible en su sentido amplio, a compartir buenas prácticas para la promoción de la salud física y mental de las comunidades educativas, a intercambiar para favorecer los modos de emprender solidarios y las políticas públicas que sitúan lo humano en el centro. ¡Movilicemos nuestra inteligencia colectiva y unamos nuestras fuerzas para una segunda ola… de solidaridades!

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